Expo anecdotario
La historia y los entretelones de la Expo Nacional Ferretera - Parte III
Todo estaba listo. Eran ya las diez de la mañana y estaba a punto de darse el banderazo a la primera versión, ya en forma, de la Expo Nacional Ferretera.
Con una sencilla ceremonia, ese 21 de septiembre de 1989, inauguraron el evento los fundadores de la exposición: William Moore y Don Alfonso Fernández Puertas, acompañados de los entonces integrantes de la mesa directiva.
La gente comenzó a recorrer esta exposición, primero eran unos cuantos pero, conforme pasaban las horas, se iba incrementando la afluencia. Los organizadores veían con agrado que el evento estaba superando sus propios pronósticos, según recuerda Don Alfonso Fernández Puertas:
“Cuando comenzamos a preparar esta exposición, teníamos el miedo natural a lo desconocido. No sabíamos si el sector ferretero iba a responder, pues el hecho de realizarla en Guadalajara implicaba gastos fuertes en la transportación de mercancías, equipos y personal, sobre todo de la mayoría de los fabricantes y compradores que tenían como sede el Distrito Federal y el Estado de México. Afortunadamente fue todo un éxito. Ese año logramos reunir a 110 expositores y a un público de más de dos mil personas”
Y en efecto, la Expo Nacional Ferretera inicio con el pie derecho. Expositores, comercializadores, distribuidores y compradores reforzaron y ampliaron sus lazos comerciales reunidos ¡en un solo lugar! Eso era lo que hacía falta, según las opiniones que en aquel momento se recabaron.
Concluída la exposición, los organizadores estaban más que satisfechos, ahora aquel miedo a lo desconocido, se había tornado en la certeza de que habían apostado bien y que todos los sinsabores habían valido la pena.
Inyectados por el éxito, se abocaron a preparar la siguiente emisión de la Expo Nacional Ferretera en 1990 y 1991 que igual de victoriosas resultaron tanto, que para el año de 1992, el salón de eventos especiales de dos mil 100 metros cuadrados de Expo Guadalajara, iba a resultar insuficiente. Entonces se pensó alquilar la mitad del salón principal de exposiciones, que en esas fechas tenía una extensión de 8 mil metros cuadrados. La otra mitad, la ocupaba un expositor de la industria automotriz: Rujac.
Así, ya con 4 mil metros cuadrados en el salón principal de Expo Guadalajara, la Expo Nacional Ferretera seguía creciendo, perfeccionándose y teniendo una muy buena aceptación. Ésta exposición, que en la actualidad sigue siendo la única en su género en México, a pesar de los muchos intentos por copiarla.
Continuará...
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